La lectura como aprendizaje

Aprender es una actividad que incluye destrezas complejas como pensar, usar los sentidos y la imaginación, concentrarse, construir, dar forma, recordar, intuir, inferir,…


Cuanto más activo es el aprendizaje, más logramos construirlo en nuestra mente. En educación se habla de que dicho aprendizaje puede ser instruccional o puede ser por investigación o descubrimiento propio del alumno. Entre un extremo y otro, se pueden dar muchas combinaciones. Si el pensamiento es usar la mente para obtener conocimientos o comprensión, parecería que ponemos a funcionar mejor la mente mediante metodologías de aprendizaje más activas. Esto es así en cierta medida.


Pero tendemos a creer que aprendizajes basados en la escucha o en la lectura son menos eficaces porque son más “pasivos” o pondrían menos en acción nuestra mente.


Que esto sea así depende de la elaboración mental que haga el alumno con la información que recibe. Cuando leemos por ocio o por entretenimiento quizá se ponen un poco menos de relieve actividades complejas (aunque esto es discutible). Pero cuando leemos para comprender y aprender (no sólo para recibir información) nuestro cerebro pone en marcha actividad muy complejas y que requieren esfuerzo.


Un escritor escribe de la mejor manera que sabe. Requiere un gran esfuerzo de construir con palabras informaciones que tienen que ser recibidas por el receptor de forma que también puede construirlas en su mente. Parecería que el esfuerzo lo pone el escritor y el lector se limita a ser un receptor más pasivo. Pero esto no así. Por muy bien escrito, ordenado y claro que esté un texto hay una parte que depende del lector a la hora de construir el conocimiento en su mente. Y esto es lo que puede convertir a la lectura en un proceso absolutamente activo y una herramienta de aprendizaje de primer orden.


Tomemos como ejemplo un medio de comunicación que adoro: el comic. Es un medio que combina palabras, dibujos y otros elementos para trasmitir información. A pesar de lo complicado de dicho sistema (aunque no te lo parezca), para que un comic consiga su función hay una parte importantísima que depende del lector. La habilidad para transformar esa información en una historia que transcurre en tu cabeza, con un ritmo y tiempos determinados, es una construcción compleja de mi mente. Requiere de capacidades avanzadas, como la de inferir todo la información que se omite entre viñeta y viñeta, o la capacidad de intuir cuánto tiempo “dura” una viñeta.


En la lectura vamos a usar todas las destrezas que se requieren para el aprendizaje activo por descubrimiento. Observación, memoria, reflexión, análisis, comprensión, construcción.


Podemos abordar la lectura desde varios niveles.


En un nivel superficial está lo que podríamos llamar prelectura o lectura de inspección. Se trata abordar un texto con el objetivo de examinarlo de forma sistemática. Consiste en hojear el libro o el texto. La forma de enfrentarnos al texto es averiguar:


  • ¿De qué trata el texto o el libro?

  • ¿Qué partes tiene?

  • ¿Qué estructura?

  • ¿Qué clase de libro es y qué pretende?

¿Es importante esta primera fase para abordar la lectura como aprendizaje?

Importantísima.


La mayoría de las personas empiezan el libro por la primera página y siguen sin haber hecho esta primera inspección. Es decir, empiezan a tratar de comprender el texto antes de haber comprendido su estructura superficial. Es un doble trabajo que podríamos evitarnos.


El siguiente nivel de lectura sería la lectura analítica. O comprensiva.


Requerirá de mayor o menor esfuerzo en función de la complejidad del texto, pero en sí misma es una actividad mucho más avanzada y sistemática que la anterior. En este nivel estamos siendo ya intensamente activos. Vamos a hacer muchas cosas, entre ellas hacerle muchas preguntas al texto. Si nuestro objetivo es aprender, este nivel de lectura resulta imprescindible, ya que gracias a él conseguimos comprender el texto. Parafraseando a Bacon, leer para aprender implica masticar y digerir el texto.


Un nivel de lectura aún más avanzada sería el de la lectura comparativa. Es que el requiere de mayor esfuerzo y capacidad de análisis por parte del lector. Es una lectura de investigación, en la cual no me centro en un solo libro sino en varios. Relaciono dichos libros entre sí buscando conexiones, diferencias, posibles estructuras, posibles carencias,…Es una de las formas de lectura más provechosas que existen y bastante libre, sobre la que no existen normas muy regidas o al menos nadie ha propuesto una sistema específico. Es el tipo de lectura que practico cuando investigo para escribir un libro o diseñar un curso. Pocas cosas me gustan más.


El uso de la lectura como herramienta de aprendizaje es algo que se exige a los estudiantes de todo el mundo, pero que en general no se enseñan los mecanismos necesarios para que pueda ser usada como tal. Es como si te exigieran que usaras un martillo sin decirte dónde está qué clavo tienes que golpear.


La lectura no es ni puede ser recepción pasiva y desordenada de información. La lectura de verdad exige actividades complejas que debemos desarrollar. Se trata de aprender a aprender. Y la lectura puede ser una de las mejores herramientas de autoaprendizaje.


Uno de esos mitos del aprendizaje que es el cono de Edgar Dale, nos dice que cuando leemos sólo retenemos un 10% de lo leído. Lo contrapone a otras formas de aprendizaje más participativas. Esto es directamente falso. Porque todo depende del cómo. Leer no es una actividad que se pueda hacer de una sola forma. No es una actividad que requiera de habilidades menos complejas que otras. Todo depende de cómo aprendamos a hacerlo.


La lectura es una puerta de entrada al conocimiento esencial.


Por supuesto, combinada con otros medios de aprendizaje, puede provocar resultados extraordinarios. Pero no despreciemos el valor de la lectura, que es lo que parece estar ahora de moda, como muchas otras modas que se basan directamente en “mitos” acerca de cómo funciona nuestro cerebro. Ejemplos: las inteligencias múltiples, los estilos de aprendizaje, los hemisferios cerebrales, y algunos más que ya comentaremos.

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