Hablemos de hábitos


Hablemos de Hábitos.


Casi todo lo que piensas, sientes y haces depende de tus hábitos. Incluso tu forma de hablar, de trabajar, de relacionarte con los demás, etc. tiene mucho que ver con hábitos fuertemente arraigados.

¿Cuál es el problema? Que a veces hemos interiorizado buenos hábitos y malos hábitos.


¿Qué inicia un mal hábito? Aquí influyen varios factores: los disparadores, las rutinas, los condicionamientos y las recompensas. Te pongo un ejemplo fácil: quizá con el tiempo has asociado el hecho de fumar un cigarrillo a sentirte relajado. Lo fumas y obtienes una recompensa: has satisfecho tu adicción y además interiorizas la idea de que fumar relaja. Pero la realidad es que ambos hechos no están conectados. Fumar, de hecho, altera más el organismo. Lo que pasa es que has asociado el hecho de aliviar el “mono” con la relajación. Es por ello, que cada vez que te sientas ansioso algo, creerás que necesitas un cigarrillo para relajarte. Esta asociación errónea potencia el hábito hasta el infinito, creando rutinas muy consistentes. En el caso del tabaco, además, solemos asociarlo a tantos momentos del día que lo raro es que no acabemos fumando tres paquetes al día: el momento del café, el momento de la caña, el momento de sentarme en el sofá, etc.


¿Cómo cambiar un hábito malo por otro más saludable?


Se trata de jugar con algunos de los elementos implicados: disparador del hábito, rutina, recompensa. Imagina que tu hábito es comer dulces después de la cena siempre a la misma hora. Los disparador del hábito pueden tanto la hora del día como el lugar donde lo haces, por ejemplo, la cocina. La rutina sería la realización de la acción, comer dulces. La recompensa sería las sensaciones que vienen después, mejorar mi estado de ánimo, el placer, etc.


Otro ejemplo: imagina que estás insoportablemente aburrido. El aburrimiento sería el disparador. Para escapar del mismo, decido navegar por Internet o ver la TV. Esta acción obtiene su recompensa, mejorar mi estado de ánimo o evitar la angustia. A lo largo de los días, esta cadena de acontecimientos se va anclando en mi cerebro hasta que se transforma en un hábito. Nuestro cerebro no distingue entre malos y buenos hábitos. Pero podemos cambiar los hábitos cambiando solamente las rutinas. Quizá no puedo evitar sentirme aburrido (el disparador), pero puedo cambiar lo que hago luego (la rutina) para obtener la misma recompensa. Es decir, para conseguir la misma recompensa puedo generar acciones distintas. Así, en vez de ver la TV, jugar a la play o chatear, puedo buscar alternativas: montar en bici, hablar con alguien, leer, formarme, aprender algo,….Repito: no se trata de cambiar la causa del hábito ni la consecuencia, sino lo que hago entre medias.


En hábitos más nocivos o incluso en adicciones, aunque más difícil, podemos seguir el mismo esquema: ¿qué señales o emociones están provocando la rutina? ¿Qué consecuencias tiene la rutina? Y por último, buscar nuevas rutinas saludables que mantengan mi recompensa o estado deseado.


Unos hábitos se arraigan más que otros debido a otros factores, por supuesto. Sobre todo, al hecho de la necesidad o el deseo de repetir la acción. Este deseo será más potente si la acción está asociada a su vez a otros beneficios secundarios además del de la recompensa. Ejemplo: sería mucho más difícil adquirir el hábito de lavarse los dientes para tener mejor salud (recompensa) si la pasta de dientes fueran desagradables, molestas y malolientes. Es decir, el deseo tiene mucho que ver con la sensación.


Imagina a alguien que no le guste nada leer y quiere adquirir el hábito. Aumentará su deseo si asocia ese deseo a sensaciones placenteras que pueda querer repetir. Puede, por ejemplo, buscar lecturas sobre temas que le apasionen.


Como imaginarás, en la práctica, la cosa se complica todavía más. Y es que, además de todo lo dicho, los hábitos se refuerzan mucho gracias a las creencias o expectativas que tenga de conseguir cosas diferentes. En muchos casos, podemos también buscar nuevas rutinas que me lleven a recompensas distintas y cambiar por completo el hábito.

Hablaremos de buenos hábitos en el próximo artículo.

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